La balada inmobiliaria
Hoy me han dado las llaves del piso nuevo. Supongo que mañana dormiré allí por primera vez. Es el sexto inmueble que alquilo (he vivido semanas en varios, pero esos no los cuento). Los he compartido con nueve personas diferentes, seis chicos y tres chicas. No sé en cuál de ellos he sido más feliz. Uno de Bilbao presenció mis peores momentos; otro vivió mi etapa más superficial; el tercero de la misma ciudad, el de Pamplona y el de Madrid conservan los mejores recuerdos... Y éste, el cuarto, es un armario oscuro en el que cuelga una bombilla de luz temblorosa: una gran incógnita.
La mudanza me ha recordado un relato que leí hace tiempo: "La balada del café triste", de Carson McCullers. Debería poner en su contraportada: recomendada para los que han amado o han sido amados, o sea, para casi todo el mundo. Hay un párrafo especialmente delicioso en torno a la página treinta (en la edición de Seix Barral, que es la que tengo yo). Comienza algo así como "hay el amante y el amado, y cada uno procede de regiones distintas..."